El empleo del régimen disciplinario como venganza

Sentencia del Tribunal Militar Central que anula una sanción de un mes de suspensión de empleo impuesta por la comisión de una disciplinaria por falta grave

Colonia-02

En la novela corta «En la colonia penitenciaria» (1914), de Franz Kafka se relata el empleo un instrumento de tortura y ejecución que esculpe la sentencia del condenado en su piel para luego dejarlo morir, todo esto en el curso de 12 horas. Así, esta obra se sitúa -al igual que toda la literatura kafkiana- en un universo donde el absurdo y lo  arbi­trario se convierten en normas funda­mentales; pero un absurdo y una arbitrariedad minuciosamente legisladas para que asuman las apariencias de lo verosímil y lo posible, a la vez que se constituyen en principio inapelable frente al cual fracasan trágicamente todos los intentos de la razón o el buen sentido (1).

No resultan ajenas a lo kafkiano algunas escenas cotidianas en el Cuerpo de la Guardia Civil, como la que traemos hoy a colación: el día 15 de mayo de 2012, cuando un Guardia Civil (al que atribuiremos el nombre ficticio de Adriano) se encontraba prestando servicio de seguridad ciudadana, procedió a la detención de un individuo que mostró una actitud sospechosa en la estación de RENFE de Sueca cuando observó la presencia de la fuerza. Dicho detenido portaba varios objetos procedentes de diversos ilícitos por robo en interior de establecimientos cometidos la noche anterior.

Dada la actitud del detenido, que opuso resistencia a la detención, el Guardia Civil Adriano solicitó de su base, a través de las transmisiones, que le fuera enviado un vehículo de patrulla dotado de mampara, por tener constancia de que en ese momento se encontraba en servicio uno en tareas burocráticas (gestiones de juzgados).

Al serle trasladada dicha petición por el Guardia de Puertas, el Comandante de Puesto rechazó esa petición de ayuda, haciéndolo, además, con gestos despectivos. Por lo tanto, el traslado del detenido y los efectos recuperados hubo de realizarse en un vehículo no dotado de mampara, habiendo vehículos que sí las tienen disponibles, creando así un riesgo innecesario.

Por todo ello, el Guardia Civil Adriano elevó parte disciplinario al Director General de la Guardia Civil y presentó denuncia ante la Fiscalía Togada, por si los hechos fueran constitutivos de una falta disciplinaria o de un delito de denegación de auxilio.

La Dirección General del Cuerpo no consideró que la actitud del Comandante de Puesto fuera constitutiva de infracción disciplinaria y la Fiscalía Togada tampoco consideró que los hechos tuvieran la entidad suficiente para incoar procedimiento penal.

Sin embargo, sí que se inició un procedimiento disciplinario contra Adriano, porque el General Jefe de la Zona entendió que su declaración prestada en la información reservada que se había ordenado por dicha autoridad, resultaba «falsa». Además, se afirmaba que el parte disciplinario elevado «se funda en propias apreciaciones: apreciaciones, porque están cargadas de juicios de valor». Nos encontramos aquí el elemento absurdo de la literatura kafkiana.

Dicho procedimiento disciplinario finalizó con la imposición de una sanción disciplinaria de un mes de suspensión de empleo al Guardia Civil Adriano por la comisión de una falta grave de «la emisión de informes o partes de servicio que no se ajusten a la realidad», del artículo 8.9 del Régimen Disciplinario de la Guardia Civil. Concurre ya el elemento arbitrario: al dador del parte, pese al buen servicio que realizó, se le impone una sanción, particularmente dura (un mes de suspensión de empleo), sin duda como «aviso a navegantes» para que en lo sucesivo se abstengan de elevar parte contra los superiores (aunque hayan actuado de modo tan despótico como en el presente caso: negando un elemento de seguridad a un Guardia Civil para su servicio pese a tener disponibilidad de medios).

Ahora, el Tribunal Militar Central, mediante sentencia de 24 de marzo de 2015, ha anulado dicha sanción disciplinaria, indicando que «el juicio de valor es inherente a la emisión» del parte, así como que el error en la valoración de un parte no significa que ello suponga realizar afirmaciones contrarias a la verdad.

El Tribunal señala también que no puede afirmarse que el relato de los hechos contenidos en el parte disciplinario sea falso y que el mismo -aunque pudiera estar equivocado en la calificación de los hechos- «se mantuvo en el ámbito propio de la Guardia Civil y de la jurisdicción castrense. Dio traslado del hecho que consideraba antijurídico a sus superiores y a los órganos jurisdiccionales; difícilmente puede atribuírsele falta de subordinación y menos aún deslealtad a la Institución».

En definitiva, el Tribunal constata que la sanción impuesta vulnera el principio de legalidad (porque los hechos objeto del expediente no resultan constitutivos de infracción disciplinaria alguna), por lo que la anula.

La venganza, en esta ocasión, no se ha consumado. Pero ha quedado al descubierto, una vez más, el empleo del régimen disciplinario como castigo o venganza por haberse atrevido a elevar un parte disciplinario contra un superior. Nos vienen a la cabeza en estas situaciones las palabras del General Dávila (@GeneralDavila en twitter): «Una ley de régimen disciplinario no es un código de mando y menos el respaldo para que ejerza la autoridad aquél que no la tiene entre sus virtudes. Nunca la acción de mando se sustituye con el régimen disciplinario ni este puede convertirse en un parche o escondite para tapar los errores en el ejercicio del mando.»

Seguramente, a quienes impusieron la sanción les hubiera gustado más poder recurrir a la rastra de «En la colonia penitenciaria» y poder aplicar al condenado la pena de inscribir sobre su Cuerpo las palabras «HONRA A TUS SUPERIORES».

(1) http://elblogdemara5.blogspot.com.es/2008/09/anlisis-de-la-colonia-penitenciaria-de.html
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