La interpretación histórica de las normas: el delito leve y la sanción disciplinaria en la Guardia Civil

El-equipo-de-la-Guardia-Civil-destacado-en-el-contingente-multinacional-BPC-SP-VI-compuesto-en-su-mayoría-por-personal-del-Grupo-de-Acción-Rápida-GAR.-Foto-Ministerio-de-Defensa-678x3

Guardias civiles del GAR en el contingente multinacional BPC SP VI (Irak). Foto:

La Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, modificó de forma sustancial el Código Penal de 1995. Entre otras cuestiones, se suprimieron las faltas, incorporando algunas de ellas al Libro II, como delitos leves y despenalizando otras conductas que a partir de entonces son castigadas en vía administrativa o remitidas a resolución en vía civil, en virtud del principio de intervención mínima del Derecho penal.

La levedad de esta nueva clase de delitos no se deriva sólo de su propia denominación como delitos leves, sino que también se colige de que sólo siguen siendo perseguibles a instancia de parte (salvo en las infracciones relacionadas con la violencia de género y doméstica); de su enjuiciamiento mediante idéntico procedimiento que el hasta entonces previsto para las faltas; y en la levedad de las penas, encontrándose únicamente prevista la de multa (y, excepcionalmente, la de trabajos en beneficio de la comunidad y la de localización permanente, también en los delitos de violencia de género y doméstica).

Aunque en la exposición de motivos de la Ley se indica que se ha procurado «evitar que se deriven consecuencias negativas no deseadas», lo cierto es que sí que ha generado, indirectamente, consecuencias negativas para los guardias civiles.

En efecto, según el artículo 8.29 de la Ley Orgánica 12/2007, de 22 de octubre, del régimen disciplinario de la Guardia Civil constituye falta grave «La condena en virtud de sentencia firme por un delito doloso, siempre que no constituya infracción muy grave, o por una falta dolosa cuando la infracción penal cometida esté relacionada con el servicio, o cause daño a la Administración o a los administrados.»

Así, la condena por una falta dolosa, que hasta el 1 de julio de 2015 (fecha de entrada en vigor de la reforma) sólo tenía relevancia disciplinaria si la infracción cometida estaba relacionada con el servicio o causaba daño a la Administración o a los administrados, ahora puede resultar constitutiva de dicha infracción disciplinaria en todo caso, dado que la misma conducta será ahora siempre constitutiva de delito (aunque sea leve).

Y decimos que «puede» resultar constitutiva de dicha infracción porque en nuestra opinión no debe ser de ese modo.

En primer lugar, porque ya hemos visto que es clara la voluntad del legislador de no atribuir a los delitos leves mayor reprochabilidad que a las faltas que se encontraban vigentes hasta el 30 de junio de 2015. Por lo tanto, tampoco debería se mayor su reproche en vía disciplinaria.

Por otro lado, en el artículo 3.1 del Código Civil se dispone que «Las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas.»

Respecto a la interpretación histórica de la Ley, decía Friedrich Karl von Savigny —uno de los partidarios más notables de la Escuela Histórica Alemana (Historische Rechtsschule)— lo siguiente:

«Toda ley debe expresar un pensamiento en forma tal que valga como norma. Quien interprete, pues, una ley, debe analizar el pensamiento contenido en la ley, debe investigar el contenido de la ley. Interpretación es lo primero: reconstrucción del contenido de la ley. El intérprete debe colocarse en el punto de vista del legislador y producir así artificialmente su pensamiento. Esta interpretación no es posible sino por una triple composición de la tarea. La interpretación debe tener, por tanto, una constitución triple: lógica, gramática e histórica. Las dos primeras son consideradas como clases de interpretación, pero incorrectamente, pues todas deben estar así concebidas. Cada una debe tener (1) una parte lógica, que consiste en la presentación del contenido de la ley en su origen y presenta la relación de las partes entre sí. Es también la genética presentación del pensamiento en la ley. Pero el pensamiento debe ser expresado, por lo cual es preciso también que haya normas de lenguaje, y de ello surge (2) la parte gramática, una condición necesaria de la lógica. También se relaciona con la parte lógica (3) la parte histórica. La ley es dada en un momento determinado, a un pueblo determinado; es preciso conocer, pues, estas condiciones históricas para captar el pensamiento de la ley. La presentación de la ley es sólo posible por la presentación del momento en que la ley existe.» (1)

Esto es, la ley ha de interpretarse en el sentido dado en el momento en que dicha ley fue dada.

Y en el momento en que se aprueba la Ley Orgánica de Régimen Disciplinario de la Guardia Civil, el legislador opta por diferenciar el reproche disciplinario entre la condena por delito doloso (que siempre será constitutivo de la infracción que nos ocupa) y la condena por falta dolosa (que únicamente constituirá infracción disciplinaria cuando esté relacionada con el servicio, o cause daño a la Administración o a los administrados).

Por lo tanto, dado el menor reproche de la acción constitutiva de un delito leve (en realidad, en el momento del dictado de la ley, una falta), no debe ser aplicado a los guardias civiles el primer inciso del tipo disciplinario contenido en el art. 8.29 de la Ley disciplinaria (condena por delito doloso), cuando son condenados por un delito leve, sino que debe serles de aplicación el segundo (condena por falta dolosa), lo que supone que esta conducta únicamente podrá ser constitutiva de infracción disciplinaria si el ilícito penal está relacionado con el servicio, o ha causado daño a la Administración o a los administrados.

 

(1) F. K. VON SAVIGNY, Metodología jurídica [ed. de G. Wesenderg (1951) sobre los apuntes de J. Grimm], trad. de J.J. Santa-Pinter, Depalma, Buenos Aires, 1979, pp. 12-13.
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